¿Qué hace falta para cohesionar a todo un pueblo?, ¿por qué algunas personas no se sienten identificadas con una bandera, o con un himno, o la bandera de una nación, pero en cambio si se siente identificada con el color de una camiseta, o de un himno, que solo se canta en un determinado lugar?
Son preguntas muy complicadas de responder, de gran esfuerzo intelectual; sin embargo vamos a tratar de poner los elementos necesarios para intentar comprender el sentimiento de pertenencia a un determinado lugar.
Me parece un elemento muy importante, además de un ser un elemento cohesionador de sentimientos, pero sobre todo los seguidores se sienten participes de pertenecer a algo muy importante y con el que se están plenamente identificados.
Los clubes de fútbol tienen himnos, y con letra. Este elemento cohesionador es explotado por los clubes como herramienta de unión, porque a fuerza de repetir, cuando comienza el partido, va calando poco a poco en el sentimiento de los seguidores, pero, bajo mi punto de vista tiene una connotación mucho más importante y es introducirse en el corazón del seguidor, ya que los himnos suelen apelar a sentimientos que dicho equipo levanta y que son identificables por todos los seguidores. El hecho que lleve letra tampoco es casual, porque la letra va calando de una forma constante entre la memoria colectiva de los seguidores hasta que forma parte de ellos mismo. Esto se consigue siempre que el equipo juega en su terreno de juego, al principio del encuentro, entonces el ritual, se pone en marcha. La letra del himno es como un paréntesis que invita a todos los seguidores a formar parte de un determinado lugar, que es muy especial y que tiene a los colores de dicho equipo como patria común de todos los aficionados. En cambio el himno, póngase el himno español como ejemplo, a no todos los españoles se sienten identificados con él, pero lo que es más grave, no siempre se respeta, ya que no se identifica con algo natural, sino como algo impuesto.
El estadio del equipo de fútbol sería comparable, haciendo un ejercicio de comparación, con el territorio de un estado. Los seguidores de un equipo de fútbol acuden al estadio como un ritual, hay como un sentimiento mágico cuando se acude al estadio y durante unas horas se socializa con personas a las que solo se ven los días de partido y sin embargo se actúa sin mascaras y los sentimientos, tanto de alegría como de decepción, son el lenguaje habitual y se actúa sin máscara alguna. Pero lo que más impresiona es que la afición expresa sin complejo esos sentimientos de una forma natural y no se siente coaccionada por expresarlo, aunque a veces entre en discusión con otro aficionado, el cual expresa su punto de vista. Sin embargo, y lo que es más importante, es que se expresan opiniones de una forma completamente libre. Expresan su opinión. Y a pesar de ello, los jugadores piden a la afición el apoyo en los momentos felices y dedican los triunfos importantes a su afición. En los Estados, en cambio, los habitantes no tienen un lugar común en el que expresarse, ya que el congreso, lugar donde se debate, esta palabra se ha obviado su parte práctica, los ciudadanos no se sienten representados porque no se les deja, a ellos, expresar su opinión y no tienen vías alternativas.
Es curioso cuando los equipos de fútbol, pongamos por caso el Barcelona, cuando hace su pretemporada cuando va a países como China o Estados Unidos, y digo que es curioso porque hay mucho aficionados que con la camiseta puesta del equipo va a recibir a los jugadores y ven los entrenamientos y van a la rueda de prensa que se organiza. Nadie se imagina que vaya un presidente del gobierno y se encuentre con una multitud similar, tal vez irán periodistas y los miembros del gobierno del país visitado, pero en cambio en el fútbol los seguidores son de distintas clases sociales. Reconozco que muchos de estos “seguidores” irán por el morbo de ver a jugadores famosos, y porque es lo que toca. Sin embargo, la identificación, por parte de los habitantes de los países visitados es palpable, a pesar de que el club haya nacido en un país que culturalmente esté muy alejado, porque se visten con camisetas del equipo, se saben el himno, saben el nombre de los jugadores y ven partidos de ese equipo, por lo cual lo que a priori supe un escollo, éste se va reduciendo debido al interés que los seguidores de países extranjeros tienen por el equipo, del cual se sienten participes. Aunque hay algo más importante, al menos para mí, y es que el sentimiento de pertenencia al equipo es el mismo que pueda tener el seguidor oriundo del equipo, ya que el sentimiento de pertenencia es igual de grande por parte de ambos seguidores. Es curioso lo que pasó en Oviedo con su equipo de fútbol y de cómo los aficionados pusieron en marcha una campaña para recaudar fondos para que el Oviedo no desapareciera como equipo de fútbol, eso sería impensable si el que hubiera que salvar fuera un Estado.
De hecho hay presidencias de equipos de fútbol que son auténticos centros de poder y que tienen más reconocimiento que las presidencias de los gobiernos, los grandes clubes es un ejemplo de ello, ya que los políticos, banqueros, etcétera también tienen el sentimiento arraigado del fútbol en su interior. Es curioso que para ser presidente del Real Madrid se tenga que tener un patrimonio grandísimo pero en cambio para presentarse a presidente del gobierno únicamente baste pertenecer a un partido político (bueno que te elijan y luego que los ciudadanos te voten)
Pero todo lo que se ha dicho hasta ahora no tendría razón de ser sin un elemento, que a los Estados se le ha pasado por alto, que es la libertad. La libertad de la gente de pertenecer a un determinado equipo, de ser el propio ciudadano quién elija y no que le impongan, aunque es cierto que muchos padres hacen a sus hijos del equipo al que el padre pertenece, pero también es cierto que muchos hijos cuando son mayores se hacen de otros equipos. Con todo ello se pretende destacar que la opción de la libertad es muy importante para que el sentimiento de pertenencia a, en este caso un equipo de fútbol, cualquier cosa es fundamental y que si se coarta esa libertad el sentimiento de pertenencia será cada vez menor, por lo tanto los Estados tienen que ser conscientes de la compleja, en el caso español, de los sentimientos que hay en su territorio o en su limitación geográfica y tenerlas en cuenta, como los equipos de fútbol se esfuerzan por escuchar las demandas de las peñas que tienen por todo el mundo, sin este dialogo mutuo la sensación de pertenencia a un Estado será cada vez más débil.
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