Leyendo el apartado siete del módulo cinco me viene a la cabeza una posible historia. La de una mujer, pongamos que se llama Marina, de clase media-alta, que vive en una zona residencial, donde sus vecinos son todos pudientes, aunque haya que algún otro negro, o como ella lo llamaría persona de color, pero que tiene un poder adquisitivo bastante importante y eso lo convierte en una persona aceptada, aunque no tenga nada en común y practique rituales que nada tienen que ver. Tal vez se me ocurre que este hombre negro pueda ser un maleducado y un cascarrabias, que no se digne ni tan siquiera a aprender el idioma que todos los miembros de la urbanización habla, que no colabore en las fiestas y que de inmediato avise a la policía en cuanto oiga las primeras notas de música en dichas fiestas y tenga otros ritos religiosos, que practique la poligamia y que coma, por ejemplo insectos. Pero aún así es aceptado por el dinero que posee y porque vive en una urbanización donde todos tienen el mismo estatus económico.
Marina, es un suponer, tiene cincos pisos, que los alquila. Dichos pisos están en la ciudad, concretamente en la zona donde de un tiempo a esta parte se ha llenado de inmigrantes: lationamericanos, magrebíes y africanos. Digamos que un matrimonio latino, para concretar más de Venezuela, necesitan una vivienda y se ponen en contacto con Marina, gracias a una agencia. Marina los cita en una cafetería que hay al lado de la agencia, porque ella no quiere que nadie sepa donde vive. Por motivos de seguridad, a pesar de que en su urbanización varios vecinos tienen llave de casa. Ella mira al matrimonio y les hace algunas preguntas, ¿Cuántos hijos tienen?, ¿qué les ha traído a España?, ¿si están casados?, ¿si tienen papeles?, ¿si huyen de Venezuela y si es así por qué huyen?, el matrimonio de venezolanos responden a dichas preguntas, aunque lo hacen de un modo monosilábico, entonces Marina, que ya ha decidido que no va a alquilarles el piso, le pregunta, a modo de pregunta trampa, ¿ustedes son católicos?, los dos se miran extrañados y responden con un contundente no, para luego añadir, y sin que ellos lo sepan cavarse se propia tumba, no creemos en la religión. Marina indignada, da por finalizada la charla y les niega el alquiler. A pesar de que el matrimonio venezolano le ruega el alquiler porque sino esa noche dormirán en la calle. Marina se siente orgullosa, porque no ha alquilado el piso a ese matrimonio porque había algo que no le cuadraba mucho y seguro que dejarían el piso hecho una porquería, como los anteriores inquilinos, aunque fueran españoles.
Podríamos rizar más el rizo de la historia y hacer que por arte de magia o del capitalismo salvaje, Marina tuviera una mala racha y tuviera que vender el chalet o cuatro pisos y tuviera que vivir en uno de los pisos que alquila. Pero el destino es caprichoso y digamos que en España se produce un golpe de estado o Marina se tiene que ir a un país extranjero, con otro tipo de cultura y que necesita trabajar en lo que sea para poder comer. Y recibe el mismo trato que ella dio al matrimonio venezolano, porque ahora ellos sienten que su cultura es la predominante y se sienten autorizados a imponerla. ¿Cómo reaccionaría Marina?, acaso no reclamaría que la trataran como un ser humano, que es lo que es.
El caso de la superioridad de las culturas también ha sido un tema recurrente en el cine, pongamos por caso la película: adivina quién viene a cenar esta noche. La hija se enamora de un muchacho negro, sus padres son blancos y viven en una zona acomodada, su criada es una mujer negra muy trabajadora y goza del afecto del matrimonio negro. Se organiza una cena para que el chico pida la mano de su amada, los padres de la chica se sorprenden cuando ven a los padres del chico que son negros. Y ambos, los dos padres, en masculino, quieren impedir el matrimonio, pero las dos mujeres entienden perfectamente que el amor o el enamoramiento no entiende ni de razas, ni de culturas, ni de nada, es un sentimiento universal. Al final y en un giro importante, que nos hace reflexionar ya que el amor puede hacer que las diversas culturas se entiendan, no en vano entender al otro es un acto de amor, porque es ponerse en su lugar.
En la televisión, concretamente en la serie “La que se avecina”, el personaje de Antonio Recio encarna como nadie la superioridad de la cultura de occidente. Con sus constantes desprecio hacia su empleado latioamericano y poniendo en lo más alto la cultura española, prototipo de cultura que todos los pueblos deben de seguir, ya que es lo máximo a lo que un pueblo puede aspirar. Sin embargo, y esto es ya una opinión personal, los guionistas son muy hábiles porque el latino con sus comentarios, probados a través de los libros, deja en evidencia a Antonio Recio, dejando en el espectador un odio hacia todos aquellos que se comportan como el Recio.
Y es que no debemos olvidar que no hay culturas superiores, porque todos los pueblos han interactuado con diversas culturas para enriquecimiento propio. Y que el fanatismo por un determinado tipo de culturas desemboca en algo muy peligroso como es el odio hacia el otro, y como todo el mundo sabe el odio es un sentimiento mucho más fuerte que el amor, ya que el odio puede duran toda la vida.
Es importante ponerse en el lugar del otro, esto no significa que no haya cosas con las que estemos de acuerdo, y sintamos verdadera repulsión hacia ello, por ejemplo la amputación del clítoris, que a mí me parece horrendo y que jamás llegaré a entender, porque me parece que atenta contra algo muy importante y es la dignidad de la mujer, pero también hay cosas que no entenderé de mi cultura como son las corridas de toros, o las peleas de gallos.
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