lunes, 27 de mayo de 2013

¿Qué hacer ante una nueva realidad?

Dice una canción de Mercedes Sosa: “cambia todo cambia”. Esto es un hecho y los nuevos tiempos demandan nuevas soluciones, porque todo cambia, aunque no queramos y las nuevas realidades, que ya no son iguales que las del pasado, demandan otra forma de actuación. Entonces ¿por qué no cambiar?
     Es difícil imaginar que una persona utilice la misma ropa que hace treinta y cinco años, en primer lugar porque no se la podrá poner e irá desnuda (¿van desnudos aquellos que se niegan a ver las realidades que los ciudadanos demanda?), ya que físicamente la persona ha sufrido una transformación, en segundo lugar porque estará pasada de moda y en tercer lugar porque estará desgastada.
     La España actual lleva treinta y cinco años con la misma Constitución, que en aquel tiempo jugó un papel importante, sin embargo la España de hoy en día no es la misma que cuando se ha aprobó la Constitución y los habitantes reclaman para sí elementos con lo que se sientan identificados. Pero sobre todo quieren que se les escuche, ya que ellos forman parte de la ciudadanía y por lo tanto tienen sus derechos.
     Mi generación no votó la Constitución, porque no teníamos edad para hacerlo, pero reclamamos participar más activamente en la construcción de un nuevo orden y realidad política que satisfaga la necesidad que el tiempo presente nos reclama. La identidad es uno de esos elementos, porque no se puede negar que hay sentimientos encontrados con ese tema y cerrar los ojos ante dicha evidencia es no querer darse cuenta del nuevo horizonte que se dibuja y por lo tanto seguir viviendo en el pasado.
     Sin embargo los políticos, que no son más que administradores de los recursos que la ciudadanía genera, sobre todo los conservadores, se niegan a ello, haciendo oídos sordos ante lo que es una demanda. Aunque esta actitud juega en su contra, ya que el sentimiento pro-nacionalista (tomando nacionalista como identidad hacia nuevas identidades) vaya en aumento y en consecuencia el anti-nacionalismo, impuesto, crezca.
     Es normal que muchos no se sientan identificados con una identidad asignada, generalmente porque todos aquellos/as que no se han visto identificados con la identidad “española” han sido vistos como elementos sospechosos que pretendían reclamar una identidad que no era reconocida, porque la verdadera identidad era la española. Pero el mismo hecho de poder elegir una identidad es una cuestión de libertad. Según la declaración de los derechos humanos, las personas nacen libres e iguales. Sin embargo una pregunta parece clara, ¿por qué no puede elegir la identidad con la que realmente me siento identificado?
     La historia de España es convulsa, muchas, demasiadas, guerras que generaron en la dominación e imposición con una determinada forma de identidad. En un anterior post hacía referencia al franquismo y su afán por la centralización y la eliminación de nacionalismos periféricos, como el catalán, el euskera y el gallego; a pesar de que el dictador era de Galicia (curioso que franco renegara de su carga cultural como gallego, para imponer su propia forma de interpretar la identidad española, lo que me lleva a pensar: en esa imposición habría algo del nacionalismo gallego que él tanto denostaba), sin embargo hoy en día vivimos en un periodo “democrático”, pero todavía el tema de la identidad levanta mucho malestar. Y  no se reconoce identidades como el catalán, el vasco o el gallego, a pesar de que sus lenguas sí están recogidas en la Constitución española, haciendo que me pregunte: ¿por qué?
     El Estatuto de Cataluña tiene todas, las que el Estado puede delegar, delegadas, haciendo que Cataluña funcione como si fuera un país, entonces ¿por qué tanto miedo a que Cataluña sea una nación?, seguramente muchos conservadores imaginaran que van a poner una frontera en las limitaciones de Cataluña, sin embargo esto no es así porque en Francia, que una nación independiente, no hay ninguna frontera. Pero también me surge otra pregunta ¿si Cataluña tiene todas las competencias posibles delegadas a qué viene ese afán por constituirse en una nación independiente?, una posible respuesta sería que los pueblos tienen derecho a decidir sobre su futuro. Pero ¿qué son los pueblos?, esta es una pregunta bien difícil de responder.
     Sin embargo no puedo dejar de pensar en una “anécdota” que le ocurrió a un diputado, en el Congreso de los Diputados, de CIU cuando se puso a hablar en catalán. El presidente del Congreso le llamó la atención, y el diputo dijo en castellano que se limitaba a expresar su opinión en una lengua co-oficial del Estado. Esta falta de respeto me parece que es un aliado que aviva viejos fantasmas del sistema centralista. Quizás sería importante estudiar en las escuelas, de una forma sincera y honesta, la diversidad de las culturas para que de este modo se fomente el acercamiento entre ambas y en consecuencia tener un mayor respeto hacia ambas.
     Debemos ser conscientes que no se pueden cerrar los acontecimientos en falso, hablo ahora de la famosa transición española, porque al optar por esta opción lo único que se consigue es que sigan presentes viejos estamentos y prejuicios que impiden el crecimiento y la convivencia de varias identidades en un mismo territorio.
     El respeto hacia los pueblos tiene que ser algo fundamental en la vida política de un Estado, porque un Estado no es algo inmóvil sino que es algo vivo, cambiante e interconectado, y se deben dar soluciones a las demandas de los ciudadanos. Esto es algo que debemos tener presente y no perderlo de vista, ya que los Estados están para dar soluciones a sus ciudadanos y no quedarse anclados en determinadas imposiciones del pasado, porque las realidades cambian.
    

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