lunes, 27 de mayo de 2013

¿Qué hacer ante una nueva realidad?

Dice una canción de Mercedes Sosa: “cambia todo cambia”. Esto es un hecho y los nuevos tiempos demandan nuevas soluciones, porque todo cambia, aunque no queramos y las nuevas realidades, que ya no son iguales que las del pasado, demandan otra forma de actuación. Entonces ¿por qué no cambiar?
     Es difícil imaginar que una persona utilice la misma ropa que hace treinta y cinco años, en primer lugar porque no se la podrá poner e irá desnuda (¿van desnudos aquellos que se niegan a ver las realidades que los ciudadanos demanda?), ya que físicamente la persona ha sufrido una transformación, en segundo lugar porque estará pasada de moda y en tercer lugar porque estará desgastada.
     La España actual lleva treinta y cinco años con la misma Constitución, que en aquel tiempo jugó un papel importante, sin embargo la España de hoy en día no es la misma que cuando se ha aprobó la Constitución y los habitantes reclaman para sí elementos con lo que se sientan identificados. Pero sobre todo quieren que se les escuche, ya que ellos forman parte de la ciudadanía y por lo tanto tienen sus derechos.
     Mi generación no votó la Constitución, porque no teníamos edad para hacerlo, pero reclamamos participar más activamente en la construcción de un nuevo orden y realidad política que satisfaga la necesidad que el tiempo presente nos reclama. La identidad es uno de esos elementos, porque no se puede negar que hay sentimientos encontrados con ese tema y cerrar los ojos ante dicha evidencia es no querer darse cuenta del nuevo horizonte que se dibuja y por lo tanto seguir viviendo en el pasado.
     Sin embargo los políticos, que no son más que administradores de los recursos que la ciudadanía genera, sobre todo los conservadores, se niegan a ello, haciendo oídos sordos ante lo que es una demanda. Aunque esta actitud juega en su contra, ya que el sentimiento pro-nacionalista (tomando nacionalista como identidad hacia nuevas identidades) vaya en aumento y en consecuencia el anti-nacionalismo, impuesto, crezca.
     Es normal que muchos no se sientan identificados con una identidad asignada, generalmente porque todos aquellos/as que no se han visto identificados con la identidad “española” han sido vistos como elementos sospechosos que pretendían reclamar una identidad que no era reconocida, porque la verdadera identidad era la española. Pero el mismo hecho de poder elegir una identidad es una cuestión de libertad. Según la declaración de los derechos humanos, las personas nacen libres e iguales. Sin embargo una pregunta parece clara, ¿por qué no puede elegir la identidad con la que realmente me siento identificado?
     La historia de España es convulsa, muchas, demasiadas, guerras que generaron en la dominación e imposición con una determinada forma de identidad. En un anterior post hacía referencia al franquismo y su afán por la centralización y la eliminación de nacionalismos periféricos, como el catalán, el euskera y el gallego; a pesar de que el dictador era de Galicia (curioso que franco renegara de su carga cultural como gallego, para imponer su propia forma de interpretar la identidad española, lo que me lleva a pensar: en esa imposición habría algo del nacionalismo gallego que él tanto denostaba), sin embargo hoy en día vivimos en un periodo “democrático”, pero todavía el tema de la identidad levanta mucho malestar. Y  no se reconoce identidades como el catalán, el vasco o el gallego, a pesar de que sus lenguas sí están recogidas en la Constitución española, haciendo que me pregunte: ¿por qué?
     El Estatuto de Cataluña tiene todas, las que el Estado puede delegar, delegadas, haciendo que Cataluña funcione como si fuera un país, entonces ¿por qué tanto miedo a que Cataluña sea una nación?, seguramente muchos conservadores imaginaran que van a poner una frontera en las limitaciones de Cataluña, sin embargo esto no es así porque en Francia, que una nación independiente, no hay ninguna frontera. Pero también me surge otra pregunta ¿si Cataluña tiene todas las competencias posibles delegadas a qué viene ese afán por constituirse en una nación independiente?, una posible respuesta sería que los pueblos tienen derecho a decidir sobre su futuro. Pero ¿qué son los pueblos?, esta es una pregunta bien difícil de responder.
     Sin embargo no puedo dejar de pensar en una “anécdota” que le ocurrió a un diputado, en el Congreso de los Diputados, de CIU cuando se puso a hablar en catalán. El presidente del Congreso le llamó la atención, y el diputo dijo en castellano que se limitaba a expresar su opinión en una lengua co-oficial del Estado. Esta falta de respeto me parece que es un aliado que aviva viejos fantasmas del sistema centralista. Quizás sería importante estudiar en las escuelas, de una forma sincera y honesta, la diversidad de las culturas para que de este modo se fomente el acercamiento entre ambas y en consecuencia tener un mayor respeto hacia ambas.
     Debemos ser conscientes que no se pueden cerrar los acontecimientos en falso, hablo ahora de la famosa transición española, porque al optar por esta opción lo único que se consigue es que sigan presentes viejos estamentos y prejuicios que impiden el crecimiento y la convivencia de varias identidades en un mismo territorio.
     El respeto hacia los pueblos tiene que ser algo fundamental en la vida política de un Estado, porque un Estado no es algo inmóvil sino que es algo vivo, cambiante e interconectado, y se deben dar soluciones a las demandas de los ciudadanos. Esto es algo que debemos tener presente y no perderlo de vista, ya que los Estados están para dar soluciones a sus ciudadanos y no quedarse anclados en determinadas imposiciones del pasado, porque las realidades cambian.
    

domingo, 26 de mayo de 2013

¿Es el ciudadano del siglo XXI un apátrida?

     Vivimos en una aldea global, donde el mundo es cada vez más pequeño, las nuevas tecnologías de la comunicación y la información nos conecta con todo el mundo en unos instantes, hace que sepamos el tiempo que va a hacer en Canadá, o las últimas noticias que se producen en la liga de fútbol de, pongamos por caso, Qatar.
     El escritor Javier Cercas, en una entrevista para el desaparecido programa La Mandrágora, afirma que la provincia murió, porque existe el teléfono, existe Internet, existe los medios de transporte, que han sido mejorados infinitamente y nos traslada en pocas horas a lugares tan distintos, lejanos y que no tienen nada que ver con nosotros, esto antiguamente no pasaba y para poder ir de un sitio a otro se planificaba con tiempo, se programaba y el cambio era más escalonado porque la “lentitud” de dichos medios de transporte hacía que se fuera asimilando los lugares por donde uno pasaba.
     Hoy el trabajo no se encuentra en el mismo lugar que uno reside, tampoco es algo perdurable en el tiempo, sino que la movilidad es un nuevo concepto que se está interiorizando y por lo tanto formando parte de nuestra vida. Pero esa movilidad trae consigo que uno tenga que aprender las nuevas formas de cultura con las que se encuentra, sin embargo esas formas de cultura no son tan distintas a las nuestras, ya que la forma de entender la vida es inter- conexionada entre los países, entre las ciudades y entre los pueblos.
     Pero es esto realmente así, es decir, por mucho que estemos inter- conectados, es razón suficiente para que absorbamos la cultura de los lugares, o nosotros como seres individuales y autónomos tenemos la capacidad de diferenciar y aplicar criterios de criba para preservar nuestra propia identificación con un modo de entender el mundo. En el texto se nos dice que:” por si cultura entendemos una manera colectiva de vivir, un repertorio de creencias, estilos, valores y símbolos, ¿tiene sentido hablar de cultura global?” (página 115, módulo 5. UOC). No podemos olvidar, la realidad en la que vivimos, pero también formamos parte de una pequeña comunidad, quiero decir, que pasamos gran parte de nuestro tiempo en contacto con un pequeño grupo de personas y lugares concretos (el lugar donde vivimos, la lengua que hablamos cotidianamente, el lugar donde trabajamos, las personas con las que pasamos nuestro tiempo de ocio, el sentimiento que nos une a un determinado equipo de fútbol y un largo etcétera), ¿es esta una forma de patria? O ¿por el contrario son pequeños engaños que nos hacemos a nosotros mismo ante la necesidad de tener un lugar común para no perder las raíces ancestrales de formar parte de algo?
     Está claro que sobre nosotros, sobre cada uno de nosotros, cae el peso de la tradición que hemos recibido, y también nuestras experiencias ante la realidad que estamos viviendo, y que se distingue de otros periodos en que todo lo que antes parecía sólido se está destruyendo, quiero decir en cuanto los elemento con los que nos sentíamos identificados, es por ello que se necesita construir nuevos lugares, para identificarnos, para sentirnos identificados con algo, que a su vez en un lugar común de encuentro, porque el ser humano es un ser social por naturaleza y necesita esos puntos de unión que les una con otros seres humanos.
     Joaquín Sabina afirma una cosa que para mí es muy importante, porque creo que resumen muy el sentimiento reinante, o al que vamos.  “Yo no tengo ni bandera, ni patria, ya que mi patria y mi bandera es la lengua que hablo, ya que me permite entenderme con todas aquellas personas que la hablan.” Es una predisposición y un modo de entender varias cosas, en primer lugar tener un punto de partida muy poderoso, ya que el hombre es ante todo comunicación, porque si no entendemos lo que se nos quiere comunicar no se puede mantener un dialogo (entiéndase dialogo en todo la amplitud de la palabra) y en consecuencia formar parte de un determinado lugar, ya que nos sentiremos excluidos, sentiremos que no pertenecemos a un determinado lugar. Pero también, la lengua sirve para distinguirnos, quiero decir que, si hablamos una determinada lengua, sabemos que no pertenecemos a otra cultura y por lo tanto la uniformidad y el fundamentalismo desaparece, con lo que el enriquecimiento es aún mayor, dando cabida a muchas formas de entender las diversas culturas. Y además nos permite entender el pasado, pero también el presente, dar una identificación concreta a las nuevas realidades, ya que el uso de una determinada lengua nos ayuda a eso, porque nos da un prisma determinado, y con el que nos sentimos identificados, para interpretar la complejidad con las que nos enfrentamos.
     Sin embargo, nos encontramos con un problema, y es: ¿qué hacer cuando nos identificados con una lengua minoritaria y dominada por una lengua superior?, si renunciamos a nuestra lengua, supongamos que es la inferior, estamos renunciado a nuestra cultura, al medio mediante el cual somos capaces de enfrentarnos a nuestra realidad, y a la posibilidad de comunicarnos con otros componentes de nuestra cultura. No demasiadas renuncias.
     El lema de la modernidad es “una estado, una cultura. Los grupos culturales subordinados tienen dos opciones: o se asimilan a la cultura (y lengua) dominante, o intentan convertir su cultura (y la lengua) subordinada a una dominante mediante la secesión” (página 118. Módulo cinco. UOC). Esta es una afirmación muy dura, y sin embargo, la Constitución española defiende y protege a las lenguas como el catalán, el gallego y el euskera, dotándolas de lenguas co-oficiales en el estado español. Es cierto que tal vez sea insuficiente, pero no es menos cierto que es un amparo bastante importante, ya que las dota de un importante rango.
     Llegados a este punto es hora de contestar la pregunta con la que se iniciaba este texto. No creo que el ser humano sea un apátrida, ya que siempre pertenecerá y tendrá elementos que le una con un determinado lugar, la lengua es el vehículo curricular más poderoso que se tiene, ya que además de poder comunicarnos, hace que sepamos a qué lugar pertenecemos, pero sobre todo hace que nos sintamos identificados con una determinada forma de ser, creando con ello un mundo heterogéneo. Sin embargo no es menos cierto que debemos ser conscientes del mundo en el que vivimos, y de la rapidez con la que dicho mundo actúa. Por lo cual debemos ser lo suficientemente permeables a nuevas formas de cultura, y por lo tanto de lenguas, no con el afán de cambiar la nuestra sino con el afán de aprender y entender a las otras, ya que de esta manera la conciencia del otro nos hará tener un respeto más profundo sobre la diversidad.

jueves, 23 de mayo de 2013

Pisando otras culturas

     Leyendo el apartado siete del módulo cinco me viene a la cabeza una posible historia. La de una mujer, pongamos que se llama Marina, de clase media-alta, que vive en una zona residencial, donde sus vecinos son todos pudientes, aunque haya que algún otro negro, o como ella lo llamaría persona de color, pero que tiene un poder adquisitivo bastante importante y eso lo convierte en una persona aceptada, aunque no tenga nada en común y practique rituales que nada tienen que ver. Tal vez se me ocurre que este hombre negro pueda ser un maleducado y un cascarrabias, que no se digne ni tan siquiera a aprender el idioma que todos los miembros de la urbanización habla, que no colabore en las fiestas y que de inmediato avise a la policía en cuanto oiga las primeras notas de música en dichas fiestas y tenga otros ritos religiosos, que practique la poligamia y que coma, por ejemplo insectos. Pero aún así es aceptado por el dinero que posee y porque vive en una urbanización donde todos tienen el mismo estatus económico.
     Marina, es un suponer, tiene cincos pisos, que los alquila. Dichos pisos están en la ciudad, concretamente en la zona donde de un tiempo a esta parte se ha llenado de inmigrantes: lationamericanos, magrebíes y africanos. Digamos que un matrimonio latino, para concretar más de Venezuela, necesitan una vivienda y se ponen en contacto con Marina, gracias a una agencia. Marina los cita en una cafetería que hay al lado de la agencia, porque ella no quiere que nadie sepa donde vive. Por motivos de seguridad, a pesar de que en su urbanización varios vecinos tienen llave de casa. Ella mira al matrimonio y les hace algunas preguntas, ¿Cuántos hijos tienen?, ¿qué les ha traído a España?, ¿si están casados?, ¿si tienen papeles?, ¿si huyen de Venezuela y si es así por qué huyen?, el matrimonio de venezolanos responden a dichas preguntas, aunque lo hacen de un modo monosilábico, entonces Marina, que ya ha decidido que no va a alquilarles el piso, le pregunta, a modo de pregunta trampa, ¿ustedes son católicos?, los dos se miran extrañados y responden con un contundente no, para luego añadir, y sin que ellos lo sepan cavarse se propia tumba, no creemos en la religión. Marina indignada, da por finalizada la charla y les niega el alquiler. A pesar de que el matrimonio venezolano le ruega el alquiler porque sino esa noche dormirán en la calle. Marina se siente orgullosa, porque no ha alquilado el piso a ese matrimonio porque había algo que no le cuadraba mucho y seguro que dejarían el piso hecho una porquería, como los anteriores inquilinos, aunque fueran españoles.
     Podríamos rizar más el rizo de la historia y hacer que por arte de magia o del capitalismo salvaje, Marina tuviera una mala racha y tuviera que vender el chalet o cuatro pisos y tuviera que vivir en uno de los pisos que alquila. Pero el destino es caprichoso y digamos que en España se produce un golpe de estado o Marina se tiene que ir a un país extranjero, con otro tipo de cultura y que necesita trabajar en lo que sea para poder comer. Y recibe el mismo trato que ella dio al matrimonio venezolano, porque ahora ellos sienten que su cultura es la predominante y se sienten autorizados a imponerla. ¿Cómo reaccionaría Marina?, acaso no reclamaría que la trataran como un ser humano, que es lo que es.
     El caso de la superioridad de las culturas también ha sido un tema recurrente en el cine, pongamos por caso la película: adivina quién viene a cenar esta noche. La hija se enamora de un muchacho negro, sus padres son blancos y viven en una zona acomodada, su criada es una mujer negra muy trabajadora y goza del afecto del matrimonio negro. Se organiza una cena para que el chico pida la mano de su amada, los padres de la chica se sorprenden cuando ven a los padres del chico que son negros. Y ambos, los dos padres, en masculino, quieren impedir el matrimonio, pero las dos mujeres entienden perfectamente que el amor o el enamoramiento no entiende ni de razas, ni de culturas, ni de nada, es un sentimiento universal. Al final y en un giro importante, que nos hace reflexionar ya que el amor puede hacer que las diversas culturas se entiendan, no en vano entender al otro es un acto de amor, porque es ponerse en su lugar.
     En la televisión, concretamente en la serie “La que se avecina”, el personaje de Antonio Recio encarna como nadie la superioridad de la cultura de occidente. Con sus constantes desprecio hacia su empleado latioamericano y poniendo en lo más alto la cultura española, prototipo de cultura que todos los pueblos deben de seguir, ya que es lo máximo  a lo que un pueblo puede aspirar. Sin embargo, y esto es ya una opinión personal, los guionistas son muy hábiles porque el latino con sus comentarios, probados a través de los libros, deja en evidencia a Antonio Recio, dejando en el espectador un odio hacia todos aquellos que se comportan como el Recio.
     Y es que no debemos olvidar que no hay culturas superiores, porque todos los pueblos han interactuado con diversas culturas para enriquecimiento propio. Y que el fanatismo por un determinado tipo de culturas desemboca en algo muy peligroso como es el odio hacia el otro, y como todo el mundo sabe el odio es un sentimiento mucho más fuerte que el amor, ya que el odio puede duran toda la vida.
     Es importante ponerse en el lugar del otro, esto no significa que no haya cosas con las que estemos de acuerdo, y sintamos verdadera repulsión hacia ello, por ejemplo la amputación del clítoris, que a mí me parece horrendo y que jamás llegaré a entender, porque me parece que atenta contra algo muy importante y es la dignidad de la mujer, pero también hay cosas que no entenderé de mi cultura como son las corridas de toros, o las peleas de gallos.




martes, 21 de mayo de 2013

texto interesante

http://rafaelnarbona.es/?p=120

Acabo de ver este enlace y quisiera compartirlo con vosotros. También me gustaría lanzar un par de preguntas:

¿Son tópicas los modelos que toman el autor del texto? ¿se puede identificar lo tópico y típico con la identidad o la identidad es algo más¿

Caminando hacia mi identidad.

 Yo nací en Valencia. Pero vivo en pueblo pequeño de Valencia. Mi padre nació en el mismo  pueblo en el que, tanto él como yo vivimos, en cambio mi madre es de un pueblecito de Granada. Con estos antecedentes siempre me he preguntado ¿quién soy?
     Mi padre siempre me ha dicho que yo soy yo, aunque eso para mí no significa nada, o significa todo, pero, en este caso tanto la nada como el todo me produce verdadera angustia. Mi madre en cambio me ha dicho siempre que soy la mitad de ellos dos, pero tampoco me produce mucho consuelo eso, porque ellos son ellos y yo soy yo.
     Ante este panorama tenía dos opciones, la primera era dejar de preguntarme, hubo un tiempo que ante tanta confusión lo hice, y la segunda opción es averiguar. Y de un tiempo a esta parte intento dar respuesta a esta pregunta, es cierto que he conseguido algunas respuestas pero no he conseguido, y me temo que nunca lo haré, dar con una respuesta que no deje ningún fleco sin contestar.
     Por lo que he dicho en el primer párrafo yo tendría que ser valenciano, pero no tengo muy claro que significa ser valenciano, en primer lugar porque en el pueblo en el que resido no se habla valenciano, por lo tanto no tengo ningún vínculo con esa lengua. En segundo lugar, es cierto que me gusta y mucho la paella, plato típico del lugar, pero he investigado un poco y he averiguado un par de cosas, la primera es que la paella es un plato universal y por lo tanto se come en todos los lugares y no creo que el hecho de que me guste ese plato, como a tantas personas, sea elemento imprescindible para ser valenciano. La segunda cosa que he averiguado es que la paella se guisaba con carne de pato cazada en la Albufera, en cambio yo siempre he comido paella de pollo y conejo, por lo tanto ya hay un des-virtuamiento en la forma de cocinar un plato que emblema, o se ha confeccionado en la psique de los valencianos, de un lugar y de una identidad. ¿Esto significa que quién no sepa cocinar la paella como tradicionalmente se ha hecho no es valenciano?
     La fiesta más representativa de Valencia, las fallas, no se celebran en mi pueblo, en cambio en otros sí, y eso ¿nos aleja a todos los habitantes de mi pueblo con la identidad valenciana? No, porque hay mucha gente, yo no porque pienso que las fallas es un canto hacia elementos de la cultura valenciana que no me gustan, de mi pueblo que se siente muy identificada con ellas e incluso pasan los días enteros en Valencia disfrutando de ellas, también hay gente, en menor medida que está apuntada en diversas comisiones falleras.
     De momento todo hace pensar que la identidad valenciana no tiene cabida en mi forma de ser, sin embargo esto no es cierto porque yo adoro los días con luz y con sol y eso es propio de los climas mediterráneos y Valencia se distingue por la luz tan especial que se tiene. También en Valencia, por el clima que tiene  se hace mucha vida en la calle, pero esto ¿no sería también un rasgo que compartiría con ciudades de clima parecido? ¿Puede ser el clima un elemento diferenciador para forjar identidades en sus ciudadanos?  ¿Concibe de la misma forma la vida un valenciano, de la capital, que un chico, como yo, de pueblo de interior? Personalmente creo el clima es un elemento muy característico para la forja de identidades, porque el clima condiciona a hacer más vida en la calle, que en casa. Ya que no es lo mismo un clima duro que un clima templado.
     He dicho que mi madre es de Granada, eso quiere decir que en lleva a cuestas un tipo de cultura muy marcada, ya que los árabes dejaron allí un legado cultural muy importante y durante mucho tiempo, además Granada fue la capital del Al-andalus. Esto significa que inconscientemente o conscientemente tiene un modo de entender la vida de una forma distinta. Y mediante mi socialización me ha ido inculcando, no voy a decir que esa cultura, pero sí rasgos de cómo entiende ella la vida, porque durante mucho tiempo mi socialización se reducía a estar mucho tiempo con ella y por lo tanto mi referente era las cosas que ella me decía. Mi padre, he dicho que es valenciano, pero valenciano del interior  y hemos de recordar que el territorio donde yo vivo fue repoblado con gentes de otros lugares, de hecho la forma de hablar que tenemos en mi pueblo se identifica plenamente con la zona de Aragón. Por lo tanto, no parece que el sentimiento de pertenencia a la identidad valenciana sea muy grande.
     Sin embargo, todo ello no quiere decir que mis padres hayan desistidos en inculcarme las tradiciones que hacen que una persona se sienta identificada con las tradiciones de un lugar para que yo me sienta valenciano, ya que ellos, a pesar de toda la carga antepasada que tienen se sienten valencianos, mi madre lleva más de cuarenta años en el pueblo en el que vivimos. Pero en mi hay algo que hace que no me sienta identificado con la identidad valenciana.
     Yo soy hijo de mi tiempo, eso significa que soy hijo de la época de la comunicación y la información. Ahora me vienen las palabras que el escritor Javier Cercas dijo en el programa la Mandrágora, la provincia murió porque existe el teléfono, existe internet. Y en menos de dos horas puedes estar en un país distinto.
     El hecho de viajar hace, en mi caso al menos es así, que mires otras identidades, otras músicas, otra forma de entender la vida y que inconscientemente la compares con tu carga de identidad, comparándola y juzgándola, pero sobre todo aprendiendo a ver con nuevos los ojos y enriqueciéndote. Eso que dice no es lo mismo ser viajero que turista.
     También porque pienso que la identidad es algo peligroso y que nadie es de ningún lugar concreto porque todos tenemos algo de emigrantes, yo en este caso porque mi madre no es Valencia, pero también tengo amigos en Madrid que me han dicho reiteradas ocasiones que madrileños de más de tercera generación hay muy, pero que muy pocos.
    A mí me gusta mucho ir adquiriendo diversidad de identidades porque me gusta sentirme de todos los lugares y de ninguno, no sé por qué tengo elegir, si se puede ser de todos los sitios. Me parece un poco cursi eso que dicen, al menos yo lo he oído muchas veces, “Tú tienes que ser de un sitio”. ¿Entonces los muertos que esparcen sus cenizas al viento, de dónde son?, por eso yo cada día intento dirigir mis pasos a la idea de identidad que yo tengo, que no es otra que una mezcla de identidades, ya que en el fondo estoy de acuerdo con lo que se dice en temario de que cuantas más identidades se tengan más fácil es encontrar la tuya.  

lunes, 20 de mayo de 2013

¿Son los equipos de fútbol más patria que algunas naciones?

     ¿Qué hace falta para cohesionar a todo un pueblo?, ¿por qué algunas personas no se sienten identificadas con una bandera, o con un himno, o la bandera de una nación, pero en cambio si se siente identificada con el color de una camiseta, o de un himno, que solo se canta en un determinado lugar?
     Son preguntas muy complicadas de responder, de gran esfuerzo intelectual; sin embargo vamos a tratar de poner los elementos necesarios para intentar comprender el sentimiento de pertenencia a un determinado lugar.
     Me parece un elemento muy importante, además de un ser un elemento cohesionador de sentimientos, pero sobre todo los seguidores se sienten participes de pertenecer a algo muy importante y con el que se están plenamente identificados.
     Los clubes de fútbol tienen himnos, y con letra. Este elemento cohesionador es explotado por los clubes como herramienta de unión, porque a fuerza de repetir, cuando comienza el partido, va calando poco a poco en el sentimiento de los seguidores, pero, bajo mi punto de vista tiene una connotación mucho más importante y es introducirse en el corazón del seguidor, ya que los himnos suelen apelar a sentimientos que dicho equipo levanta y que son identificables por todos los seguidores. El hecho que lleve letra tampoco es casual, porque la letra va calando de una forma constante entre la memoria colectiva de los seguidores hasta que forma parte de ellos mismo. Esto se consigue siempre que el equipo juega en su terreno de juego, al principio del encuentro, entonces el ritual, se pone en marcha. La letra del himno es como un paréntesis que invita a todos los seguidores a formar parte de un determinado lugar, que es muy especial y que tiene a los colores de dicho equipo como patria común de todos los aficionados. En cambio el himno, póngase el himno español como ejemplo, a no todos los españoles se sienten identificados con él, pero lo que es más grave, no siempre se respeta, ya que no se identifica con algo natural, sino como algo impuesto.
     El estadio del equipo de fútbol sería comparable, haciendo un ejercicio de comparación, con el territorio de un estado. Los seguidores de un equipo de fútbol acuden al estadio como un ritual, hay como un sentimiento mágico cuando se acude al estadio y durante unas horas se socializa con personas a las que solo se ven los días de partido y sin embargo se actúa sin mascaras y los sentimientos, tanto de alegría como de decepción, son el lenguaje habitual y se actúa sin máscara alguna.  Pero lo que más impresiona es que la afición expresa sin complejo esos sentimientos de una forma natural y no se siente coaccionada por expresarlo, aunque a veces entre en discusión con otro aficionado, el cual expresa su punto de vista. Sin embargo, y lo que es más importante, es que se expresan opiniones de una forma completamente libre. Expresan su opinión. Y a pesar de ello, los jugadores piden a la afición el apoyo en los momentos felices y dedican los triunfos importantes a su afición. En los Estados, en cambio, los habitantes no tienen un lugar común en el que expresarse, ya que el congreso, lugar donde se debate, esta palabra se ha obviado su parte práctica, los ciudadanos no se sienten representados porque no se les deja, a ellos, expresar su opinión y no tienen vías alternativas.
     Es curioso cuando los equipos de fútbol, pongamos por caso el Barcelona, cuando hace su pretemporada cuando va a países como China o Estados Unidos, y digo que es curioso porque hay mucho aficionados que con la camiseta puesta del equipo va a recibir a los jugadores y ven los entrenamientos y van a la rueda de prensa que se organiza. Nadie se imagina que vaya un presidente del gobierno y se encuentre con una multitud similar, tal vez irán periodistas y los miembros del gobierno del país visitado, pero en cambio en el fútbol los seguidores son de distintas clases sociales. Reconozco que muchos de estos “seguidores” irán por el morbo de ver a jugadores famosos, y porque es lo que toca. Sin embargo, la identificación, por parte de los habitantes de los países visitados es palpable, a pesar de que el club haya nacido en un país que culturalmente esté muy alejado, porque se visten con camisetas del equipo, se saben el himno, saben el nombre de los jugadores y ven partidos de ese equipo, por lo cual lo que a priori supe un escollo, éste se va reduciendo debido al interés que los seguidores de países extranjeros tienen por el equipo, del cual se sienten participes. Aunque hay algo más importante, al menos para mí, y es que el sentimiento de pertenencia al equipo es el mismo que pueda tener el seguidor oriundo del equipo, ya que el sentimiento de pertenencia es igual de grande por parte de ambos seguidores. Es curioso lo que pasó en Oviedo con su equipo de fútbol y de cómo los aficionados pusieron en marcha una campaña para recaudar fondos para que el Oviedo no desapareciera como equipo de fútbol, eso sería impensable si el que hubiera que salvar fuera un Estado.
     De hecho hay presidencias de equipos de fútbol que son auténticos centros de poder y que tienen más reconocimiento que las presidencias de los gobiernos, los grandes clubes es un ejemplo de ello, ya que los políticos, banqueros, etcétera también tienen el sentimiento arraigado del fútbol en su interior. Es curioso que para ser presidente del Real Madrid se tenga que tener un patrimonio grandísimo pero en cambio para presentarse a presidente del gobierno únicamente baste pertenecer a un partido político (bueno que te elijan y luego que los ciudadanos te voten)
     Pero todo lo que se ha dicho hasta ahora no tendría razón de ser sin un elemento, que a los Estados se le ha pasado por alto, que es la libertad. La libertad de la gente de pertenecer a un determinado equipo, de ser el propio ciudadano quién elija y no que le impongan, aunque es cierto que muchos padres hacen a sus hijos del equipo al que el padre pertenece, pero también es cierto que muchos hijos cuando son mayores se hacen de otros equipos. Con todo ello se pretende destacar que la opción de la libertad es muy importante para que el sentimiento de pertenencia a, en este caso un equipo de fútbol, cualquier cosa es fundamental y que si se coarta esa libertad el sentimiento de pertenencia será cada vez menor, por lo tanto los Estados tienen que ser conscientes de la compleja, en el caso español, de los sentimientos que hay en su territorio o en su limitación geográfica y tenerlas en cuenta, como los equipos de fútbol se esfuerzan por escuchar las demandas de las peñas que tienen por todo el mundo, sin este dialogo mutuo la sensación de pertenencia a un Estado será cada vez más débil.